Notas de viaje de dos malungos, note di viaggio di due malunghi: Colombia, Italia, India, Nepal, Thailandia, Burma/Myanmar.

En el Etna, un perro blanco.

No sabíamos que llovería de esa manera, que nuestras narices iban a estar congeladas y las puntas de los deditos también, que los precarios sacos que llevamos no serían suficientes, que, además de los zapatos guerreros que alquilamos tendríamos que haber alquilado chaquetas. -Perdón queridos lectores pero no somos “vulcanólogos”, y no, tampoco tenemos el bien conocido “sentido común”-.
No sabíamos, e igual de haber sabido nos habríamos montado en ese jeep con la ilusión de ver el fuego en la montaña, así sin nada, justo como subimos soñando estar parados en el borde de su cráter como Plinio el joven sobrino de Plinio el Viejo.
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Como a veces pasa -y no que por estas particularidades de la vida haya que lamentarse-, no sólo no vimos el fuego volcánico, no sólo llovió, sino que el paisaje al horizonte era una pared blanca. Niebla espesa y húmeda. “¡Pero atención!” decían los pies, mientras por el cansancio y el frío nos hacíamos conscientes de los pasos, “atención que esta tierra que pisan es ceniza, es resultado de fuegos de otro tiempo, de un corazón latente, de una montaña que vive y que en su paisaje deja la huella de su cambio, de su movimiento”.
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Atención, atención al movimiento, atención a la vida latente: ¡Todo el tiempo y en cada paso, atención porque que el sol sale y las plantas crecen!.
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Tus manos en las mías batallando con el hielo en la punta de los dedos.
¡En el camino un perro blanco!

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P.

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